¿Qué hacer cuando tienes problemas en el aula?

¡Buenas mi querido profesor/a inconformista!

Cuántas más personas haya en un mismo lugar más problemas surgirán. ¡Es inevitable!
El día a día en el aula está lleno de sorpresas. Muchas alegrías y otras situaciones no tan agradables. Imagina un día cualquiera. Un niño te desobedece, otros dos se ponen a gritar entre ellos, una niña se enfada contigo o incluso otro se pone a llorar de la rabia que siente. Tanto si son de primaria como de secundaria la falta de gestión emocional hace que las situaciones se vuelvan bastante tensas. No solo por parte de ellos, vivir situaciones así hacen que tú también te alteres y te sea muy difícil gestionar la situación.

Te voy a presentar una guía de 4 pasos que debes hacer en todas estas situaciones, ¡Sin excepción! Son ideas sencillas de entender que necesitan un poco de práctica para que las adaptes a tu forma de ser. Como siempre digo, no te fíes de mí. Ponlo en práctica y verifícalo con tu experiencia. 

1. Epoje

Epoje es un concepto que viene de la filosofía escéptica que significa literalmente “suspensión de juicio” Lo que yo te propongo es muy sencillo. Utilízalo como mantra para separarte emocionalmente de una situación. Imagina que un niño te grita:

- ¡No es justo!

Tú, antes de contestarle, piensas para tus adentros. “Epoje” y haces una respiración. ¿Con qué fin? Con no juzgar la situación y evitar actuar desde un juicio prematuro. Diciéndote: ¡Paaaaara! Voy a entender qué está pasando antes de decir o hacer algo. Ahora bien, todo eso se resume en un mantra que puedes repetirte varias veces: Epojé

2. Disco Rayado

Puede pasar que con el epojé no sea suficiente, ya que los niños y jóvenes a veces son muy insistentes. Si no dejan de insistir, utiliza esta segunda erramienta disuasoria: El disco rayado.
Antiguamente se escuchaba música en un tocadiscos, un aparato que tenía un aguja que pasaba sobre unos discos de vinilo, una especie de plástico, para reproducir la música. A veces, la aguja rayaba el disco y hacía que se repitiera el mismo tramo de la canción. Una y otra vez.

Así que, tu vas a hacer lo mismo. Vas a elegir una frase disuasoria, para repetirla una y otra vez, sin salirte del guión, con el objetivo de evitar en ese momento toda discusión.

Cuando la emoción está alta, baja la inteligencia y de nada sirve intentar razonar en esas circunstancias. ¿Qué frases podrías repetir? Ahora no, así no voy a hablar contigo, si me gritas no, luego hablamos,… 
Es un pulso entre su intento de discutir y tú evitando la conversación. Puedes incluso combinar las frases pero no intentes razonar con el niño o el joven. Simplemente hay que evitar discutir con las emociones altas. Te aviso, solo hay una forma de ganar y es con paciencia. Si te alteras, pierdes. No lo olvides.

3. Entiende antes de pretender ser entendido

Cuando la persona esté calmada evita tomar decisiones en ese momento, es más, ni se te ocurra intentar que te entienda sin que tú antes no le hayas demostrado que le entiendes. Ya lo decía Steven Covey, “entiendes antes de pretender ser entendido”. No basta que racionalmente entiendas porqué está actuando como está actuando. Él debe sentir que tú le estás entendiendo. Para ello parafraséale, pregúntale, resume lo que te está explicando… busca hacer que se sienta entendido. Después de ello ya puedes explicar que es lo que a ti te molesta de su actitud pero no antes. Todo el mundo lo que intenta que TÚ me entiendas a MÍ, sin demostrarle al otro que le entienden. Pruébalo y me cuentas.

4. Actúa

Por último, actúa. Ahora bien, te recomiendo que vayas probando estas tres opciones:

a) Toma una decisión unilateral.

Es decir, decide en ese momento qué es lo mejor. Un refuerzo, un castigo, una posible solución, un cambio, lo que sea… No caigas en el error que por ser más adulto sabes lo que la otra persona necesita. Puedes cometer un grave error suponiendo que sabes cuáles son las motivaciones del niño o del joven. Por eso, te recomiendo que uses esta formula el mínimo de veces posible. Así evitarás equivocarte.

b) Pregunta por una solución.

Te recomiendo, encarecidamente esta opción. No le digas lo que se puede o no se puede hacer. Pídele que sea él quien te proponga una solución y ajústala a la situación del momento. Si la idea surge de él o de ellos, inevitablemente la llevarán a cabo. Sin lugar a dudas es la opción más efectiva.

c) Consensúa.

Ahora bien, al profesorado que aún no experimentado esta segunda opción suele darle miedo otorgar el poder al alumnado. Si ese es tu caso, intenta llegar a un acuerdo con él o ellos. Después de demostrar que les has entendido, pide que te propongan una solución y diles qué es lo que tu necesitas y busca un acuerdo intermedio entre las dos posturas. Es menos eficaz que la segunda opciones pero, sin lugar a dudas, te dará mejores resultados que intentar imponer tu forma de solucionar las cosas.

Como siempre digo, no te creas nada de lo que aquí comparto contigo. Compruébalo con tu propia experiencia. Comparte este artículo con todo profesor o profesora inconformista que creas que le puede venir bien o aquel profesor o profesora cenútrio que debería leerlo. Eso sí, si quieres recibir en tu correo, nuestras Píldoras Transformativas para Profesorado Inconformista no dudes en apuntaste a nuestra Newsletter. Te prometo que jamás te enviaré SPAM.

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